MARCA MUJER: de la inteligente inseguridad al autocuidado

Objetivo de este post: ayudarnos a reforzar nuestra Imagen de Marca Personal y quitarnos de encima el lastre de falsas creencias.

Maria A Sanchez 8 marzo

La mujeres tenemos especial habilidad y tendencia al cuidado de las personas. Ha llegado el momento de cuidar primero de nosotras mismas y cambiar registros que nos lleven al bienestar, al empoderamiento. Para después, incluso ayudar a otras mujeres a hacer lo mismo.

El siguiente dato, lo utilicé en un post, que escribí para Soy mi Marca, cuando vio la luz mi primer libro: el informe PISA, del que se hicieron eco los medios de comunicación: 

<<Ellas sacan mejores notas pero son más inseguras>>

Impartía entonces yo la asignatura Imagen estratégica, en el máster ‘Liderazgo Femenino’ en ESCI  (escuela de negocios de la Universidad Pompeu Fabra). Su directora, Carmen García Ribas, profesora de comunicación, y autora del libro ‘El síndrome de Maripili’, decía que era debido a que <<las mujeres necesitamos la mirada del hombre>>. 

Si hay creencias que nos restan seguridad y eficacia, veamos qué antídotos tenemos para neutralizarlas.

Y aquí viene el antídoto para esa inseguridad y esa posible necesidad de gustar, en forma de pregunta, que siempre lanzo a quienes se entrenan conmigo:

¿Para qué?

Y es que es cierto que nuestro instinto natural nos empuja a gustar, para ser elegidas como <<madre de la camada>> y preservar la especie. Es es mismo instinto que nos lleva a utilizar, en ocasiones, maquillaje y complementos muy visibles… que nos adornan, que atraen las miradas.

Algo en nuestro interior nos dice que algo está yendo mal… y llega la inseguridad: ¿qué me pongo? ¿voy bien?

Si, ante la menor duda, respondemos a la pregunta <<para qué>>, con la reflexión pasamos del adorno, que llama más la atención que nuestro talento… al embellecimiento científico, que envuelve y potencia nuestra Marca Personal y da como resultado el preciado carisma. De modo que elegimos los componentes de nuestra presencia, según las circunstancias y dependiendo de nuestro objetivo.

Otra creencia, viene de la mano de una de las mejores expertas en estilismo de vestuario que conozco, mi colaboradora y amiga: Carolle Partington. Que suele quejarse de que:

<<Las mujeres siempre vemos algo en nuestra presencia muy grande, muy pequeño o mal puesto>>

Una tendencia muy nuestra, esa de mirar cada detalle con el que no estamos conformes, en vez de ver nuestra totalidad. El antídoto que aporto, es la mirada global, con la mente en la diosa, el arquetipo adecuado y de nuevo el objetivo de ese momento, para el que deseamos que nuestra presencia sea <<10>>. Ejemplos: transmitir a nuestra familia / amig@s nuestra salud, vender un proyecto, producto o servicio transmitiendo profesionalidad, atraer a una persona… llamando la atención con grandes complementos de adorno, tejidos que transmiten sensualidad, etc.

Finalmente, hay una creencia, una frase, muy común entre nosotras, cuando nos referimos al ambiente laboral:

<<A las mujeres todo nos cuesta más>>

Cuando este pensamiento nos llega, suele ser debido a que nuestro mensaje personal no está en armonía con nuestro objetivo. Varía con modas de estilo de cabello, vestuario… hay tanta oferta que elegimos sin la seguridad de acertar y quienes nos perciben, lo notan.

Es fácil no seguir una linea de comunicación, con nuestra `presencia, por la gran cantidad de estilos, estampados y tejidos que hay a nuestra disposición en el mercado. Dos de las grandes equivocaciones son:

  • Comprar el vestuario por piezas, sin tener en cuenta el efecto del conjunto.
  • Decidir qué ponernos por las mañanas: nos vestimos del humor que nos levantamos.

El antídoto esta vez es ‘vestir nuestro personaje’ en armonía con cada circunstancia, como decíamos: con el objetivo puesto en lo que deseamos transmitir. Comprar los equipos de vestuario con esa intención, elegir con esta idea también el estilo de peinado y, sobre todo: preparar nuestra presencia  para un evento importante, la noche anterior.

En cada momento representamos un rol y tenemos un objetivo. ¡A por él!

Feliz… ¡todo!

María A. Sánchez